La Universidad como solución

Actualizado: abr 30


Los mecanismos que ha desarrollado el humano durante milenios para maximizar su probabilidad de supervivencia, tanto del individuo como de la comunidad y la especie, son los mismos que se activan una y otra vez cuando éste se ve amenazado. Estos mecanismos, sedimentados durante milenios en lo más profundo de la mente humana, gravados en el ADN, no requieren de un raciocinio consciente. Los conocemos como “instintos” que son difícilmente diferenciables de los sentimientos.


El momento que vivimos, una amenaza global por una pandemia vírica, es uno de esos instantes de la historia donde los instintos emergen como respuesta natural para aumentar la probabilidad de supervivencia individual y colectiva.

En una primera clasificación estos instintos/sentimientos encaminados a mejorar la supervivencia pueden clasificarse en dos tipos: aquellos sentimientos que buscan la seguridad mediante la reducción del riesgo, “el confinamiento”, y aquellos que aumentan el riesgo a cambio de incrementar la probabilidad de vencer a la amenaza.


En terminología de la prehistoria, el primer grupo sería el conjunto de instintos que conducen a que la tribu se meta en la cueva y acumule víveres. El segundo grupo conducen a salir a cazar, a explorar nuevos territorios, a la aventura. Aunque esta clasificación simplifica enormemente la amplia variedad y matices de los distintos sentimientos/instintos, tiene la ventaja de permitirnos entender muchos de los fenómenos que están ocurriendo en los últimos días en términos de comunicación, movilización social y posicionamiento de las organizaciones.


En terminología más moderna, entre los sentimientos del primer grupo aparecen el miedo, la vuelta a la zona de confort, la radicalización del sentimiento de pertenencia a una comunidad, y la búsqueda del aislamiento ideológico. Todos ellos naturales en momentos de dificultad.


Entre los segundos están la necesidad de comprender las causas de lo que ocurre, la búsqueda de predicciones para el futuro, de la verdad, del anhelo de libertad, de la aceptación de la incertidumbre como principio básico en la actitud científica, del cuestionamiento de las verdades establecidas. No es casualidad que este segundo grupo de sentimientos esté ligado con la investigación, y con el progreso humano. Está íntimamente ligada con el nacimiento de la ciencia, la Universidad y, si se me permite, con la dimensión transcendente del ser humano.


La prevalencia de los sentimientos de una categoría u otra varía con el tiempo y depende de múltiples factores: Educación en los primeros años de vida que forja la personalidad individual, factores culturales de una sociedad sedimentados durante siglos, factores dependientes de la situación o entorno tales como amenazas, seguridad o prosperidad.


Momentos de debilidad, enfermedad e incertidumbre favorecen los sentimientos de miedo, búsqueda de aislamiento e identificación con “los tuyos”. Este tipo de instintos prevalecen sobre los de búsqueda de la verdad.


Estos momentos de incertidumbre son un caldo de cultivo ideal para las Fake News. La bien conocida técnica de “dos verdades y una realidad sesgada”, o incluso “dos verdades y una mentira”, encuentran su caldo de cultivo natural en estos momentos de incertidumbre. Esto solo se combate mediante el estudio, la crítica y la continua búsqueda de la verdad, tal y como se hace en la Universidad.


La razón de existir de la Universidad es la búsqueda de nuevos horizontes, la indagación de la verdad, la formación de profesionales cualificados que, en momentos de dificultades, aporten soluciones.

En los momentos más difíciles es cuando se hace evidente los beneficios de haber apostado por la Universidad en los tiempos donde los recursos no escaseaban y se pueden derivar recursos hacia la investigación - Primum vivere, deinde philosophari. Y es que cuando prevalece el miedo sobre lo positivo, la Universidad tiene un papel más relevante.


Todos los amigos, familiares y conocidos nos preguntan cuánto va a acabar esto, aunque no tengamos ni la más remota idea de virología. Cuando todo es incertidumbre, es natural que busquemos seguridad, algo que nos haga tener confianza. Es natural que nos aferremos a cualquier fuente de información en la que, al menos parcialmente, nos encontremos confortables. Es justamente en estos momentos, de dudas y miedos, donde necesitamos mejorar como sociedad y avanzar más rápidamente, cuándo la Universidad y lo que se aprende en ella, es el mejor remedio para los problemas, solución para las enfermedades y forma de crecer. Los universitarios generamos confianza.


En los tiempos de conexión instantánea, con demanda de información continua, la Universidad, como históricamente generadora de conocimiento, encuentra un buen contexto para armar la verdad de los contenidos y fundamentos en los que se basan las respuestas demandadas.


Desde la URJC hemos planteado una línea de trabajo apta para cualquier institución de educación superior que permite trabajar de manera coordinada entre investigación, conocimiento y experiencia: creación de un ventilador, mascarillas, acciones sociales y de acompañamiento, estudios clínicos. Tenemos toda una serie de profesionales, de múltiples ámbitos, pensando 24/7 en como ayudar a alumnos, entorno, sociedad en general, y a las autoridades.


Y todo ello porque la Universidad no cierra, trabaja de otra manera.


Javier Ramos, Rector de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC)

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